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6/17/2006
Entre sección y sección no podía faltar la publicidad. Pero no una publicidad cualquiera... Porque La bola de cristal creó sus propios spots publicitarios, parodias de los anuncios reales que huían del consumismo e invitaban a los telespectadores a leer o practicar deporte, a ser solidarios o dar rienda suelta a la imaginación.
Algunos de sus lemas se convirtieron en auténticos himnos para los fans de La bola. ¿Quién no recuerda frases como éstas? "Si no quieres ser como ellos, lee", "¡Haz deporte! ¡No eches tripa! ¡Juega limpio! ¡Participa!", "Voy a desaprender para desenseñar cómo se deshacen las cosas", "Solo no puedo, con amigos sí"...
Y por encima de todo, lo que podría considerarse como el gran objetivo del programa: invitar a los niños a que dejasen volar la mente. "Tienes quince segundos para imaginar... Si no se te ha ocurrido nada, a lo mejor deberías ver menos la tele".
Hacia el programa 21, La bola de cristal amplió su horario de emisión a 120 minutos. Nació así La cuarta parte, que pasó a ocupar la última media hora del programa. Javier Gurruchaga era el protagonista indiscutible de la sección: partiendo de los guiones que escribía Isabel Alba, el carismático artista desplegaba a placer sus dotes de showman, convirtiendo el espacio en una ácida y surrealista mirada a la actualidad.
El eje central de la sección era El cuarto hombre, una especie de noticiario basado en un bloque de imágenes cuidadosamente escogidas por el documentalista Paco Quintanar, sobre un tema diferente cada semana, y comentadas por Gurruchaga.
El cuarto hombre se abría con una cabecera en la que Javier Gurruchaga parodiaba a James Bond. Y no era sólo allí donde el cantante demostraba su talento cómico. En la sección aparecían una serie de personajes interpretados por él mismo que representaban a su propia familia: su madre Cayetana, con un look a lo Margaret Tatcher; su padre paralítico Gregorio, inseparable de su manta de cuadros: su tía Nancy, recién llegada de América... Gracias a los guiones de Isabel Alba y el particular sentido del humor de Gurruchaga, estos personajes creaban un esperpéntico retrato de la institución familiar.
Si hubo una gran protagonista en La cuarta parte -dejando a un lado a Gurruchaga, por supuesto- ésa fue la música. En la sección no sólo se repasó la historia de diferentes grupos y movimientos musicales, sino que también tuvieron gran relevancia las actuaciones en directo. Por el escenario de La bola de cristal pasaron los principales representantes de la movida: Radio Futura, Toreros Muertos, La Unión, Hombres G, Los Nikis... Además, La cuarta parte apostó por los video clips, creados por el propio equipo del programa, con lo que La bola se convirtió en uno de los pioneros en producir este tipo de formato en nuestro país.
En La cuarta parte se incluyeron también piezas de producción propia, entre ellas dos telefilms, El hombre invisible y Los signos del zodíaco, que se dividían en capítulos de diez minutos.

La banda magnética se abrió con una serie antigua llamada La pandilla, que Lolo encontró casi por casualidad en los archivos de TVE. Una producción americana en blanco y negro que la cadena había emitido con éxito décadas atrás, y que a través de La bola de cristal conquistó también a la generación infantil de los 80. Y es que La pandilla narraba con inteligencia las aventuras de un grupo de niños marginados adictos a las travesuras pero cargados de buenas intenciones.
Cuando terminaron los capítulos de esta serie, los responsables de La bola decidieron buscar otra de características similares, que mantuviera la línea definida ya en la sección. Así llegó La familia Munster, otra producción en blanco y negro protagonizada por una entrañable familia de monstruos. Y más tarde tomó el relevo Embrujada, otra serie también antigua sobre una simpática bruja moderna.
En La banda magnética se incluyeron además durante una época monográficos sobre actores y actrices de cine míticos, así como un concurso llamado La chica de la Bola.
Los electroduendes se adueñaban de La bola durante la primera media hora de emisión. Nacidos de la imaginación de Lolo Rico, diseñados por la mano creadora de Miguel Ángel Pacheco y animados gracias al ingenio del guionista Santiago Alba, eran los habitantes lógicos del programa: si combinas un medio como la televisión con un objeto mágico como una bola de cristal, ¿qué otros seres pueden aparecer sino hadas y duendes? Duendes de la electrónica, por supuesto.
Cinco electroduendes vivían en las tripas del televisor, en un ambiente plagado de chips, cables y turbinas. El hada Vídeo, maestra del rebobinado; el hada Truca, cinéfila de pro; maese Cámara, con más vista que nadie; maese Sonoro, el de las orejas estereofónicas; y, cómo no, la bruja Avería, empeñada en fundir los circuitos de lo que se le pusiera a tiro.
Inducidas por los guiones nada inocentes de Santiago Alba, estas traviesas criaturas daban rienda suelta a sus ácidas críticas y una deliciosa ironía. Pero las disfrazaban de ingenuidad gracias a sus vocecitas infantiles, su extraño lenguaje y su aspecto tierno.
"Soy un electroduende y nadie me comprende", clamaban a ritmo de pop ochentero cuando tenían ocasión. Aunque en realidad eran ellos quienes no comprendían a los humanos y sus rarezas. Así que se burlaban de aquellos "humanoides gilivatios", convirtiendo en principal objetivo de sus travesuras a los que tenían más a mano: los presentadores (Isabel Bauzá, Gerardo Amechazurra y más tarde Olvido Gara).
Aunque la sección fue pensada en un principio como el espacio dedicado a los más pequeños -para ellos era un simple show de marionetas-, lo cierto es que los electroduendes supieron ganarse a jóvenes y adultos con su espíritu subversivo. Eran políticamente incorrectos, y nada ni nadie quedaba a salvo de su satírica visión de la sociedad del momento. De hecho, pronto se convirtieron en la editorial del programa.
El cine -o más bien la televisión- era el protagonista absoluto de la tercera parte del programa. En La banda magnética se emitía cada semana un capítulo de una serie de producción ajena. Lolo Rico tenía claro desde el principio que debía tratarse de un producto de calidad, con guiones inteligentes que despertaran la imaginación de los chavales.
El librovisor ocupaba la segunda media hora del programa. Su objetivo era simple: invitar a los telespectadores a la lectura. Pero tratándose de La bola estaba claro que no podía hacerse de una forma convencional... Nada de discursos paternales. La directora Lolo Rico quería una fórmula que armonizara literatura e imagen; los guionistas Carlos Frabetti y Carlos Fernández Liria se encargaron de hacerla realidad.
Por El librovisor fueron pasando todos los géneros literarios, de los cuentos infantiles a las novelas de aventuras, de la biografía al cómic, de los pasajes bíblicos a la poesía. Los clásicos eran recreados sin complejos, desmitificándolos a base de grandes dosis de humor.
Olvido Gara, por aquel entonces una de las figuras centrales de la movida madrileña, estuvo vinculada a la sección desde el primer momento. Comenzó como la protagonista de una serie de aventuras en las que le acompañaba un peculiar detective juvenil, Mantequilla (interpretado por Miguel Ángel Valero, el Piraña de Verano Azul), y en las que coincidían con los más diversos personajes de cuentos tradicionales.
A partir del programa 13, la sección sufrió un cambio radical. Los cuentos infantiles fueron sustituidos por la literatura de aventuras clásica, y Mantequilla cedió el testigo a Pablo y Pedro, dos actores que por aquel entonces hacían sus pinitos como dúo humorístico. Pablo y Pedro no eran otros que Pablo Carbonell y Pedro Reyes... Con ellos llegó el humor surrealista al librovisor: le daban la vuelta a cualquier héroe literario, creando los gags más insospechados y llevando a Olvido de sorpresa en sorpresa con su manía de ceñirse sólo a la improvisación.
El librovisor no se detuvo en la literatura. Más tarde llegaron las parodias de culebrones a través de dos seriales propios, Baratijas y Después de la bomba, en los que el trío protagonista era acompañado por otros actores y actrices como Fedra Lorente (la Bombi del Un, dos, tres...). También se emitieron entrevistas, homenajes al cine, poemas visuales y canciones escritas expresamente para el programa e interpretadas por Alaska o por sus propios creadores, estrellas del momento como Santi Auserón, Loquillo o Kiko Veneno.


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